
Es cada vez más común ver a líderes cristianos alineándose con ideologías políticas bajo el emblema de la “agenda valórica” y la “batalla cultural” contra el “marxismo cultural” y la “ideología de género”. Se les oye llamar a votar por candidaturas políticas que promuevan los “valores cristianos”, que quedan reducidos a cuestiones de sexualidad y género como consecuencia de interpretaciones fundamentalistas de la Biblia, a menudo excluyentes y derechamente discriminatorias. Al mismo tiempo que se juzga como «no/anti cristianas» a aquellas personas que deciden alinearse con otras tendencias políticas “progresistas”. Mi lectura es que, aquellos que llaman al mundo cristiano a votar por dichas propuestas políticas toman la misma postura del gran inquisidor de Dostoievski, pues vienen a corregir la obra de Cristo, “basándola en el milagro, en el misterio y en la autoridad”.
En la célebre novela Los hermanos Karamazov, Dostoievski hace una reinterpretación muy interesante de la tentación de Jesús en el desierto. Allí se establece una dialéctica en la que cada tentación tiene como contrario la libertad. La tríada diabólica de milagro, misterio y autoridad, representativas de cada tentación, son descritas como las “tres únicas fuerzas en la tierra capaces de someter y subyugar para siempre la conciencia” de las personas. En el fondo, las tres tentaciones tienen en común ser instrumentos de dominación de las conciencias: Si conviertes milagrosamente las piedras en pan, si basas tu legitimidad en un misterioso respaldo divino y si reclamas tener la verdad y autoridad divina, entonces puedes tener a todos de tu parte, sometidos y “felices”.
Los nuevos inquisidores utilizan el milagro y el misterio para tener autoridad sobre las conciencias de las personas creyentes. Predican una especie de milagro económico como resultado de la obediencia a una autoridad política misteriosamente respaldada por Dios. Esa obediencia está íntimamente ligada a una agenda valórica centrada en el mito de los “valores cristianos” (¿occidentales? ¿judeocristianos?), reducidos a la “familia tradicional” y el binarismo sexogenérico. Así, estos nuevos inquisidores proclaman sin pudor:
“Les diremos que todo pecado será redimido, siempre y cuando se cometa con nuestro consentimiento”.
Ellos se arrogan toda autoridad moral, les dicen a sus seguidores lo que deben hacer para agradar a su Dios, mientras ellos cometen inmoralidades de todo tipo. Ellos dicen que no debes abortar, pero roban a destajo; ellos rechazan tu identidad de género, pero destruyen el medio ambiente. Así corrigen la obra de Cristo, imponiendo una censura que convenga a sus propios intereses, pues prefieren la «feliz sumisión» antes que el amor libre. Sin embargo, según Dostoievski, Cristo prefiere una fe libre en vez del milagro; en lugar del misterio, una fe consciente y reflexiva; una fe autónoma y responsable en vez de la autoridad.