Los dualismos antagónicos nos parecen tan naturales como el día y la noche. A través de la simple observación ha sido posible construir cosmovisiones complejas que dividen el cosmos entre fuerzas opuestas que operan en conjunto en una delicada armonía. Religiones, doctrinas, filosofías y teorías sociales han seguido este principio: el bien y el mal, el orden y el caos, lo sensible y lo suprasensible, lo femenino y lo masculino.