RESEÑA: San Manuel Bueno, mártir (1930)

Miguel de Unamuno (1864 – 1936)

“Si sólo en esta vida esperamos en Cristo, somos los más miserables de los hombres todos.”  – San Pablo, I Corintios 15: 19

Sanabria - Wikipedia, la enciclopedia libre
Lago de Sanabria, España. Este lago inspiró el escenario donde transcurre esta historia.

Con este epígrafe Miguel de Unamuno le da voz a Ángela Carballino para contar su historia y confesión. Esta devota mujer cristiana relata su experiencia con un Santo de carne hueso, con el párroco Don Manuel, de su pueblito Valverde de Lucerna, caracterizado por estar a los pies de la montaña, junto a un cristalino lago. Dará testimonio de los hechos que demuestran vida piadosa de San Manuel, pero, al mismo tiempo, revelará con profundos e íntimos detalles, el terrible secreto que guardaba el Santo en los abismos de su corazón.

Ángela se remonta a su adolescencia, cuando Don Manuel, el párroco, vivía activamente entre su pueblo. Siempre ayudando a los necesitados, dando consuelo y ayudando a morir bien a los infelices. Un sacerdote que prefería pastorear a su rebaño desde abajo, ayudando a construir casas y arar la tierra junto a sus fieles. En ese entonces, Ángela era una muchacha que prefirió la vida cerca de su Santo, en vez de estudiar en la ciudad. Asistía fielmente a los cultos y misas, donde se percata de lo siguiente:

“Había un santo ejercicio que introdujo en el culto popular, y es que, reuniendo en el templo a todo el pueblo, hombres y mujeres, viejos y niños, unas mil personas, recitábamos al unísono, en una sola voz, el Credo; “Creo en Dios Padre Todopoderoso, Criador del Cielo y de la Tierra…” y lo que sigue. Y no era un coro, sino una sola voz, una voz simple y unida, fundidas todas en una y haciendo como una montaña, cuya cumbre, perdida a las veces en nubes, era Don Manuel. Y al llegar a lo de “creo en la resurrección de la carne y la vida perdurable” la voz de Don Manuel se zambullía, como en un lago, en la del pueblo todo, y era él que se callaba.”

De esta manera Ángela comienza a notar que su Santo guarda una profunda tristeza que difícilmente esconde de sus ojos. Empeñada en conocer mejor a Don Manuel, se vuelve su asistente. En este contexto aparece Lázaro, hermano de Ángela, que vuelve al pueblo desde la ciudad con ideas progresistas y contra la religión. Lázaro desconfía del párroco, pues considera que los hombres religiosos son charlatanes que manipulan a los fieles para mantenerlos en ignorancia y aprovecharse de sus voluntades. Sin embargo, la fama de Don Manuel lo intriga, la devoción del párroco por su gente lo confunde y, finalmente, después de oírle predicar, llega a la conclusión de que este es uno diferente a los que había conocido antes: “demasiado inteligente para creer todo lo que tiene que enseñar”, le dice a su hermana.

La intriga de Lázaro lo convierte en uno de los oyentes más atentos de los sermones de Don Manuel, al punto que ambos entran en una amistad y confidencialidad. Salen a dar paseos alrededor del lago para conversar sobre la vida y la religión. Tras algunos eventos sensibles como la muerte de la madre de Ángela y Lázaro, y la asistencia de Don Manuel en la vida de los hermanos, el párroco decide confesar su más profundo secreto a Lázaro, y más tarde a Ángela: No cree en la resurrección de los muertos, ni en el cielo, ni en el infierno, sin embargo, aunque desea profundamente creer, no puede.

“Y no me olvidaré jamás del dia en que diciendole yo : ‘Pero, Don Manuel, la verdad, la verdad ante todo’, él, temblando me susurró al oído – y eso que estábamos solos en medio del campo – ‘¿La verdad? La verdad, Lázaro, es acaso algo terrible, algo intolerable, algo mortal; la gente sencilla no podría vivir con ella.’ ‘¿Y por qué me la deja entrever ahora aquí, como en confesión?’ le dije. Y él: ‘Porque si no, me atormentaría tanto, tanto, que acabaría gritándola en medio de la plaza, y eso jamás, jamás, jamás. Yo estoy para hacer vivir a las almas de mis feligreses, para hacerles felices, para hacerles que se sueñen inmortales y no para matarles. Lo que aquí hace falta es que vivan sanamente, que vivan en unanimidad de sentido, y con la verdad, con mi verdad no vivirán. Que vivan. Y esto hace la Iglesia, hacerles vivir. ¿Religión verdadera? Todas las religiones son verdaderas en cuanto hacen vivir espiritualmente a los pueblos que las profesan, en cuanto les consuelen de haber tenido que nacer para morir, y para cada pueblo la religión más verdadera es la suya, la que le ha hecho.”

Lázaro comprende a tal punto la noble misión de Don Manuel, que se “convierte”. Decide unirse a la fe del pueblo para vivir en armonía con ellos, fingiendo creer, igual que su Santo mentor Don Manuel. La conversión de Lázaro supone otro más de los milagros que San Manuel hizo: convirtió al más difícil del pueblo.

Pasado un tiempo, Don Manuel muere celebrando comunión con el pueblo. Lázaro, su discípulo, continúa la labor de San Manuel (considerado ya un Santo por el pueblo y la Iglesia Católica) por un tiempo, visitando constantemente la tumba de su maestro, hasta que muere por una enfermedad, rogándole a su hermana que rece por su alma moribunda.

Ángela es la única persona que conoce el secreto de estos hombres, y nosotros, quienes leímos su confidencia. La historia oficial de San Manuel publicada por la Iglesia Católica lo reafirma como un Santo que vivió por la fe; la historia de Ángela está oculta de la iglesia, pues puede ser considerada peligrosa para la gente común.

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