RESEÑA: Frankenstein (1818) – Mary Shelley

Frankenstein, la galvanización y la Bioética | Gaceta FM
El monstruo de Frankenstein

No. Frankenstein no es un monstruo. Tampoco es verde, ni tiene tornillos en el cuello. Frankenstein es un joven brillante, con una carrera científica prometedora y una determinación inquebrantable que lo llevó a la desolación.

Las adaptaciones al cine y televisión de la obra Frankenstein; o el moderno Prometeo de Mary Shelley, sumada a la tradición popular, nos han dado una imagen del monstruo “Frankenstein” distorsionada y pobre, limitada a lo grotesco y escalofriante. De esta manera, la profundidades emocionales y filosóficas del monstruo han quedado olvidadas.

La autora da vida a estos acontecimientos en palabras de Robert Walton, quien está haciendo una peligrosa exploración en barco por el polo norte junto a sus hombres, en diciembre del siglo XVIII. Allí, donde no se esperaba ver a otro ser, divisan una figura humana enorme que va atravesando el hielo en un trineo. Más tarde, encuentran un segundo trineo flotando sobre el hielo, y en su interior, un hombre moribundo: Víctor Frankenstein.

Frankenstein comenzó siendo un brillante estudiante de filosofía natural y dedicó muchísimas semanas a un desquiciado proyecto que lo encerró en su laboratorio sin tener contacto con otras personas, se propuso crear a un ser vivo, con forma humana, más fuerte y poderoso. Su creación no fue un monstruo verde, de cabeza cuadrada y con tornillos en el cuello. Aunque estaba hecho de partes de cuerpos humanos, su figura era grande, esbelta, casi bella. Sin embargo, la piel muerta e incolora que cubría sus órganos, algunos músculos expuestos por falta de piel, sus ojos amarillentos y sus labios deformes, le dieron un aspecto grotesco y repulsivo. Una vez que el monstruo cobró vida, por primera vez, Víctor Frankenstein sintió terror y pesar por haber creado un demonio tan horrible. Decidió huir del lugar y dejar a la criatura a su suerte. Este fue el momento a partir del cual la vida del creador y de su criatura se vuelven insoportablemente penosas.

Pasado un tiempo, Víctor vuelve con su familia y se entera del asesinato del pequeño William aparentemente manos de Justine, quien es condenada a muerte por el crimen. Sin embargo, Víctor intuye que el asesino había sido el monstruo, y que éste lo había seguido de cerca todo el tiempo.  Esto provoca mucha culpa en Frankenstein, pues él creó al monstruo que ya había cobrado 2 vidas. Un día, el monstruo se aparece frente a frente de Víctor, rogándole que por favor lo escuche, que él es su creador y debe tenerle cariño, o al menos lástima. Frankenstein decide escucharlo.

Durante algún tiempo, el monstruo caminó solamente por instinto. Era un bebé en un cuerpo humano extremadamente dotado y fuerte. Aprendió a sentir, conoció el hambre, el frío, el dolor, el cansancio; pero, al mismo tiempo, sintió la alegría de comer, sentir calor, curar sus heridas y descansar. El monstruo era feliz con cada sensación agradable que experimentaba y sus sentimientos eran puros. Sin embargo, su infelicidad comenzó cuando se dio cuenta que estaba solo y que los humanos huían de él por su aspecto horrible. Se refugió escondido en una casa de campo en medio de las montañas, donde observaba a sus habitantes y aprendió de ellos a hablar, leer y escribir. Un día intento presentarse a ellos, con precaución, pues sabía que podían echarlo. Lamentablemente, recibió terribles golpes y heridas, además la familia decidió irse del lugar para jamás regresar.

Esta situación convirtió los buenos deseos y sentimientos del monstruo en terribles aspiraciones de venganza contra la humanidad y contra su creador. El mal y la bondad disputaban el corazón del monstruo. Éste mató al pequeño William en un confuso intento de mostrarse bueno. Allí descubrió que William era pariente de Víctor y albergó la última esperanza de ser bueno: tener una semejante, una Eva, una compañera idónea. Esta idea lo lleva a contactar a Víctor Frankenstein, a quien le suplica que cree a otra criatura como él, para vivir juntos y ya no sentir la soledad y el abandono al que estaba condenado. Sin embargo, a pesar de haberle prometido que lo haría, Víctor desiste de la idea y rompe su promesa.

Esta traición enfurece tanto al monstruo que promete hacer de la vida de Víctor, una vida insufrible, terrible y triste. El monstruo da rienda suelta a los sentimientos de ira y maldad, que lo ayudan a expresar el dolor que siente por su soledad. La ira del monstruo se vierte en asesinar a la esposa de Víctor, la misma noche en que se habían casado. También mata al mejor amigo del protagonista, todo para hacer sentir desdicha y soledad a su creador.

Víctor jura vengarse del monstruo y lo persigue sin descanso para matarlo. Esta persecución desenfrenada los lleva a donde comenzó la historia: al polo norte. Víctor fracasa en su tarea y es allí, donde ya casi muerto por el clima inhóspito, es encontrado por Walton y subido a bordo. El monstruo llega a bordo también para visitar al ya fallecido Víctor y, con una mezcla de satisfacción y pena, celebra la muerte de su creador y la lamenta profundamente. Señala que esta es su última víctima y que ahora se iría a suicidar en el hielo, pues su círculo de odio y rencor había acabado, pero no su sufrimiento.

200 años de Frankenstein: el retorno del fuego - La Tercera
Víctor Frankenstein y el monstruo. Película: Mary Shelley’s Frankenstein (1994).

A continuación, se presenta un fragmento de la novela donde el monstruo da algunas de sus últimas palabras a Walton, frente al cadáver de Víctor Frankenstein:

“No pretendo que compartas mi tristeza. Jamás podré encontrar comprensión. Cuando empecé a buscarla, quería compartir los sentimientos de felicidad y afecto de que rebosaba todo mi ser. Pero ahora que la virtud se ha convertido en una sombra para mí, y que la felicidad y el afecto se me han vuelto en desesperación amarga y aborrecimiento, ¿qué comprensión voy a buscar? Me contento con sufrir a solas, mientras perduren mis sufrimientos. Cuando muera, me conformo con que mi recuerdo quede cargado de aborrecimiento y oprobio. Hubo un tiempo en que calmaba mis imaginaciones con sueños de virtud, fama y deleites. Una vez albergué la falsa esperanza de reunirme con unos seres que pasarían por alto mi forma externa y me querrían por las cualidades excelentes que yo era capaz de sacar a relucir. Me alimentaba de pensamientos elevados de honor y devoción. Pero ahora el vicio me ha degradado por debajo del más vil de los animales. No es posible encontrar crímenes, maldades, malicia ni miseria comprables con las mías. Cuando recuerdo el catálogo espantoso de mis fechorías, me parece increíble ser el mismo que albergó una vez unos pensamientos llenos de visiones sublimes y trascendentales de la belleza y majestuosidad del bien. Pero así es, y el ángel caído se convierte en un demonio maligno. Sin embargo, hasta aquel enemigo de Dios y el hombre tenía amigos y compañeros en su desolación; yo estoy completamente solo.” 

La obra de Mary Shelley es excelente, un clásico literario universal. Sin reparar en aspectos técnicos que pueden o no gustar a los lectores, este es un libro obligado. La autora plantea problemas como la ética frente a la vida, los límites del poder y la ciencia, y también un claro cuestionamiento a una sociedad que puede convertir a los marginados en verdaderos monstruos.

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