Hannah Arendt: acción, discurso y pluralidad

Hannah Arendt (1906-1975)

“Una vida sin acción ni discurso (…) está literalmente muerta para el mundo; ha dejado de ser una vida humana porque ya no la viven los hombres”

Arendt, H. (2018), La condición humana, p. 201

Dentro de lo que la teórica política Hannah Arendt llama vita activa existen tres actividades fundamentales, que se corresponden con “las condiciones básicas bajo las que se ha dado al hombre la vida en la tierra”. Estas son: “labor, trabajo y acción”. De estas actividades nos interesa la acción (junto al discurso) y su correspondiente condición humana, la pluralidad.

Una buena forma de entender la acción en Hannah Arendt es a partir de la siguiente expresión que encontramos en su obra La condición humana:  “la acción es la actividad política por excelencia”. Esto quiere decir que, a diferencia de otras actividades humanas, como la labor y el trabajo, la acción no surge por necesidad ni es motivada por la utilidad, sino que, por el principio de libertad. Para Arendt, la acción y el discurso son la manera de insertarnos en el mundo, de comenzar algo nuevo. De hecho, la autora nos recuerda que “actuar, en su sentido más general, significa tomar iniciativa, comenzar (como indica la palabra griega archein, “comenzar”, “conducir” y finalmente gobernar), poner algo en movimiento (que es el significado original del agere latino)”.

Tal es la importancia de la acción para Arendt que, según ella, esta actividad es la que nos hace realmente humanos: “una vida sin acción ni discurso (…) está literalmente muerta para el mundo; ha dejado de ser una vida humana porque ya no la viven los hombres”. Efectivamente, lo que nos distingue entre otros seres vivos es nuestra capacidad de mostrarnos o, en términos arendtianos, revelarnos al mundo humano por medio de la acción y el discurso.

Más aún, la acción y el discurso son la manera de diferenciarnos como seres únicos dentro de la especie humana. Esto nos lleva al concepto de pluralidad, que Arendt entiende como el hecho de vivir como seres distintos y únicos entre iguales. De ahí que la pluralidad, siendo la condición de toda vida política, sea la condición humana que les corresponde (a la acción y el discurso), y que la acción sea la actividad política por excelencia. 

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