Žižek: ideología y síntoma

Slavoj Žižek (1949)

La ideología no es una ilusión tipo sueño que construimos para huir de la insoportable realidad; en su dimensión básica es una construcción de la fantasía que funge de soporte a nuestra “realidad”: una “ilusión”, que estructura nuestras relaciones sociales efectivas, reales y por ello encubre un núcleo insoportable, real, imposible.

Žižek, S. (1992). El sublime objeto de la ideología, p. 72

Con relación a la ideología, la tradición marxista y neomarxista plantea lo que Žižek (en Ideología, un mapa de la cuestión) llama la “lectura del síntoma”. Por un lado, Marx tuvo una comprensión “sintomática” de la ideología cuando señaló que su esencia es un cierto no conocimiento de sus participantes sobre el síntoma, un “punto de ruptura heterogéneo”, de fuga, de desequilibrio de la ideología, pero que a la vez es necesario para que el campo ideológico logre su clausura, su forma acabada. En este sentido, la ideología es entendida como “una doctrina, un conjunto de ideas, conceptos, creencias y demás, destinado a convencernos de su “verdad”, y sin embargo al servicio de algún interés de poder inconfeso.”. Es decir, la ideología está esencialmente constituida por una contradicción. Por ejemplo, la ideología capitalista promueve la libertad y al mismo tiempo la niega. Es el caso del obrero que al vender su trabajo “libremente” pierde su libertad. Esa contradicción es el síntoma, el punto de ruptura de la ideología, un núcleo contradictorio que si llega a ser conocido puede acabar con la ideología. 

En segundo lugar, otro de los representantes de esta lectura sintomática de la ideología es Habermas, para quien la ideología es una comunicación distorsionada sistemáticamente: «un texto cuyo significado público “oficial”, bajo la influencia de intereses sociales (de dominación, etc.) inconfesos, está abruptamente separado de su intención». Aquí el síntoma es interpretado como una tensión entre el contenido del texto explícitamente enunciado y sus presuposiciones pragmáticas. Evidentemente, esta comprensión de la ideología como una versión falsa de la realidad, motivada por intereses no confesados, implica que se puede salir de ella viendo “la realidad tal como es”, es decir, sin los prejuicios ideológicos. 

A diferencia de Habermas, Žižek no concibe la ideología como una distorsión de la verdad o de la realidad:

La ideología no tiene nada que ver con la “ilusión”, con una representación errónea, distorsionada de su contenido social. Para decirlo brevemente: un punto de vista político puede ser bastante exacto (“verdadero”) en cuanto a su contenido objetivo, y sin embargo, completamente ideológico; y viceversa, la idea que un punto de vista político da de su contenido social puede estar completamente equivocada sin que haya nada “ideológico” en él.

Žižek, S. (2003), Ideología, un mapa de la cuestión, p. 13

Lo primero que se encarga de aclarar Žižek es que la ideología no consiste necesariamente en una versión falsa o mentirosa de la realidad, ya que lo que importa no es la veracidad o falsedad del contenido, sino que “el modo como éste contenido se relaciona con la posición subjetiva supuesta por su propio proceso de enunciación”.

A diferencia de Marx, que entiende la ideología como una “falsa conciencia” de la realidad, Žižek entiende que la realidad es, en sí misma, ideológica, al punto de que incluso aquello que consideramos “no ideológico” es en realidad ideológico.

La función de la ideología no es ofrecernos un punto de fuga de nuestra realidad, sino ofrecernos la realidad social misma como una huida de algún núcleo traumático, real.

Žižek, S. (1992). El sublime objeto de la ideología, p. 72

Žižek, desde su comprensión dialéctica de la ideología, señala que en su tercer momento dialéctico, la ideología logra tener una apariencia no ideológica o, más bien, lo aparentemente “no ideológico” se pone al servicio de la ideología. En este punto del en sí-para sí de la ideología, ésta se “apodera” de nosotros, al punto de que no sentimos ninguna oposición entre ella y la realidad, donde incluso lo que podría contradecirla funciona a su favor.

Así las cosas, en la versión de Žižek, el síntoma dentro de la ideología ya no sería un punto de ruptura que puede ser descubierto para salir de ella, sino que es el núcleo traumático que fundamenta la realidad social misma, que es, inevitablemente, ideológica.

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