Kant y el respeto a la ley

Cuando Kant se pregunta por aquello que mueve o determina a la voluntad a actuar únicamente por el deber, de tal manera que esta pueda ser considerada como buena voluntad, identifica dos elementos: 1. La ley, que la determina objetivamente. 2. El respeto a la ley, que la determina subjetivamente. Esto se expresa claramente cuando Kant dice: 

Como una acción por deber debe apartar el influjo de la inclinación y con ello todo objeto de la voluntad, a esta no le queda nada que pueda determinarla objetivamente salvo la ley y, subjetivamente, el puro respeto hacia esa ley práctica, por consiguiente la máxima de dar cumlimiento a una ley semejante, aun con perjuicio de todas mis inclinaciones.

Kan, I. (2012). Fundamentación de la metafísica de las costumbres, p. 92

Refiriéndose específicamente al respeto, Kant aclara (en una nota valiosísima para tratar este tema) que este se trata de un “sentimiento espontáneo que se produce gracias a un concepto de la razón”, que se diferencia de la inclinación y el miedo, que serían sentimientos que surgen del influjo externo. El respeto es, entonces, la consciencia de la determinación inmediata de la ley sobre la voluntad, una ley que nos imponemos como necesaria de suyo. Esto significa para Kant que el respeto me permite tener conciencia de mi subordinación a una ley práctica necesaria.

En su Crítica de la razón práctica, Kant profundiza sobre la relación de los elementos que determinan a la voluntad a actuar por deber (ley y respeto). Dentro de esta relación hay un concepto importante a considerar, el de móvil. Kant lo define como “el fundamento subjetivo para determinar la voluntad de un ser cuya razón no se ajusta necesariamente a la ley moral por su propia naturaleza”. En primera instancia, Kant señala que el único móvil de la voluntad humana es la ley moral, y “aquel fundamento objetivo de determinación tendrá que ser siempre al mismo tiempo el único fundamento subjetivo suficiente para determinar la acción”. Es decir, los fundamentos objetivo y subjetivo que determinan a la voluntad coinciden en la ley moral. Sin embargo, Kant reconoce que “cómo pueda una ley constituir por sí misma e inmediatamente un fundamento para determinar la voluntad (lo cual resulta sustantivo para toda moralidad) supone un problema insoluble para la razón humana”. Por lo que se propone exponer cómo la ley moral (fundamento objetivo) se convierte en móvil (fundamento subjetivo) de la voluntad, analizando cómo afecta o incide en el ánimo y, por tanto, en el sentimiento que ella (la ley) produce.

Tal sentimiento producido por la ley es el respeto. Pero, ¿cómo se produce el respeto? Kant señala que la razón pura práctica se sirve de la ley moral para quebrantar el egoísmo, entendido como “el conjunto de todas las inclinaciones”. Si este (el egoísmo) lo entendemos como amor hacia uno mismo, la ley moral permite convertirlo en amor hacia uno mismo racional. Si también lo entendemos como arrogancia o vanidad, la ley moral lo debilita para luego aniquilarlo. El respeto, por tanto, sería el sentimiento cuyo objeto es la ley moral que destruye el egoísmo.

Así pues, el respeto hacia la ley moral es un sentimiento producido por un motivo intelectual, siendo este sentimiento el único que reconocemos cabalmente a priori y de cuya necesidad nos cabe apercibirnos.

Kant, I. (2013). Crítica de la razón práctica, p. 191-192.

Por tanto, el sentimiento de respeto, siguiendo a Kant, se puede considerar como único móvil de la voluntad, entendido como uno fundado a priori en la razón pura práctica o en un concepto del entendimiento (la ley moral) y no como una inclinación surgida por alguna influencia externa (a posteriori).

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s