Hildebrand: la acción moral

Dietrich von Hildebrand (1889-1977)

Para Hildebrand, en La idea de la acción moral, una acción es entendida como “una unidad de ciertas vivencias o modos de comportamiento” y posee tres elementos principales: 1. La conciencia de un estado de cosas y de su significado para mí o en sí; 2. la toma de posición que responde a ese estado de cosas; y finalmente, 3. El realizar el estado de cosas “nuevo”. Pasemos a describir estos tres elementos, con énfasis en la acción moral:

El percibir el valor: se trata de una vivencia intencional denominada aprehensión cognoscitiva. Hildebrand aquí recoge lo que Husserl llamó “percibir el valor” y lo que Scheler, por su parte, denominó “sentir el valor”. Dicha aprehensión cognoscitiva se trata de “un puro tener algo que se encuentra frente a nosotros”. Por tanto, no es un mero saber deductivo, ni un conocimiento formal y vacío. En el caso del “percibir” o “sentir” el valor, se trata de tener conscientemente el valor. En otras palabras, es tener conciencia del valor de un estado de cosas. En este tipo de vivencia intencional el valor se dona o revela a mi yo que está como vacío, es decir, no hay contenidos vivenciales subjetivos de por medio. Ahora bien, el valor es definido como “el carácter dado en contenidos objetivos que es capaz de fundar en nosotros un interés en esos contenidos” y es caracterizado por Hildebrand como lo “importante en sí”, es decir, el valor objetivo o el valor propiamente tal, independiente del sujeto, que se distingue de lo “importante para mi”, es decir, lo subjetivamente satisfactorio, o el valor subjetivo, lo que “está fenoménicamente en determinada relación conmigo”. 

La respuesta al valor: esta consiste también en una vivencia intencional que corresponde a una toma de posición voluntaria inmediata. Es decir, es una respuesta a lo importante o valioso en sí. En toda toma de posición hay contenidos vivenciales subjetivos que se dirigen respectivamente hacia contenidos vivenciales objetivos, entre los cuales existen “relaciones de legalidad esencial”, ideal o eidética, de manera que “cada valor posee una respuesta ideal para él debida con independencia de que alguna vez tenga lugar una tal; es decir, cada valor o disvalor determinado posee una respuesta positiva o negativa determinada”.

Relación entre la conciencia del valor y la respuesta al valor: Hildebrand señala que toda toma de posición y, por tanto, toda respuesta voluntaria, presupone necesariamente una conciencia del valor del estado de cosas. Por ejemplo, en el caso de una persona que socorre a otra que pide auxilio, “el que socorre adopta prácticamente, como respuesta a los gritos de auxilio, que le ponen ante los ojos toda la urgencia, una determinada toma de posición con respecto a la necesidad del otro”. Esta toma de posición, querer que el otro sobreviva, supone la conciencia de un “estado de las cosas” (la supervivencia del otro) y “la conciencia del valor que es inherente a ese estado de las cosas como fundamento de la voluntad”. Así, “la toma de posición se dirige al estado de cosas como respuesta al valor mismo”.

Por otro lado, Hildebrand distingue entre condiciones formales y materiales de lo moral. Al respecto, señala que la condición material decisiva para el valor específicamente moral de la acción es “la respuesta al valor que se dirige a un determinado grupo material de valores de estados cosas”, los llamados “moralmente relevantes”. En otras palabras, debe existir una situación moralmente relevante a la que la voluntad se dirija y responda a ella.

La respuesta más pura al valor es, sin duda, la respuesta al valor sentido, y no al ‘tú debes’ ciego. El responder a lo simplemente importante en sí, el entregarse al valor objetivo, se da más puramente cuando una persona en cuestión no sigue un deber como si obedeciera a la donación de valor vacía y formal, la cual ya está falseada por la referencia al propio obrar y está también separada de su fundamento material.

Von Hildebrand, D. (2014). La idea de la acción moral, p. 149

Debido a lo anterior, Hildebrand señala que, en última instancia, el portador directo primario de valor moral en la acción es la voluntad, donde se genera la respuesta voluntaria al estado de cosas moralmente relevante. Aquí se debe aclarar que no se trata de una voluntad abstracta, sino que, de la voluntad de una persona humana.

La voluntad es el portador de la acción moral en el sentido pleno (…) es también portador primariamente directo del valor moral. Si perseguimos el valor moral inherente en la entera acción hasta su lugar más propio, encontramos que este es el entero fenómeno voluntario, así como el peculiar punto de referencia de la persona, o mejor: la voluntad como voluntad de esta determinada persona.

Von Hildebrand, D. (2014). La idea de la acción moral, p. 154

La realización de la acción: para Hildebrand, este sería el rasgo trascendente de la acción, ya que, es la realización de un hecho objetivo, de un estado de cosas en el mundo que está frente al sujeto. Una acción, en tanto que realizada por una persona humana, interviene en el mundo de manera transformadora, lo enriquece. “Mediante la realización de la acción el mundo se ha enriquecido con un bien moral”. Por esta razón, la acción misma es portador directo de valor moral. Así, Hildebrand concluye que “toda voluntad que ha llegado a convertirse en acción es una realización de valores”. Por eso, los valores morales no están en las cosas, sino que requieren de un ser moral, la persona humana, que los realice en el mundo.

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