Bauman y el «amor líquido»

Zygmunt Bauman (1925-2017)

En su obra Amor líquido, el sociólogo Zygmunt Bauman comienza asumiendo que hablar de amor es una tarea difícil, ya que, junto con la muerte “son acontecimientos del tiempo humano, cada uno de ellos independiente, no conectado (y menos aún causalmente conectado) a otros acontecimientos “similares”, salvo en las composiciones humanas retrospectivas”. Eso quiere decir que el amor es una experiencia humana variable, porque está asociada al tiempo humano y que podemos hablar de él más bien desde el recuerdo.

Teniendo en cuenta el carácter relativo del amor, en la opinión de Bauman, en la actualidad “el conjunto de experiencias definidas con el término “amor” se ha ampliado enormemente”. Ya no se entiende solamente dentro de los parámetros “tradicionales” de un matrimonio para toda la vida. Por el contrario, actualmente, “el amor se entiende como una serie de intensos, breves e impactantes episodios, atravesados a priori por la conciencia de su fragilidad y brevedad” (20). 

El “amor líquido” sería ese tipo de amor del encuentro intenso y breve que acaba ahí, que no se compromete, sino que busca más encuentros amorosos que puedan satisfacer al sujeto. Este tipo de amor está determinado por la sociedad del consumo, donde se elige, usa y, finalmente, desecha lo adquirido, para luego buscar otro objeto de consumo. Para explicar esto, el sociólogo poláco distingue entre las relaciones basadas en las “ganas”, en el “deseo” y en el “amor”.

Respecto a las ganas, Bauman da como ejemplo de este tipo de relaciones lo que sucede en un encuentro casual en una habitación, que termina con la experiencia sexual, para él, este tipo de relaciones es como en los shoppings, donde se puede acceder al instante a una satisfacción, sin demora, y luego se desecha.

Cuando la relación está inspirada en las ganas […] sigue la pauta del consumo y sólo requiere la destreza de un consumidor promedio […] Si resultan defectuosos o no son “plenamente satisfactorios”, los productos pueden cambiarse por otros, que se suponen más satisfactorios […] Pero aun en el caso de que el producto cumpla con lo prometido, ningún producto es de uso extendido.

Bauman, Z. (2003). Amor líquido, p. 28-29

Una relación basada en las ganas sería lo que Bauman llama una “relación de bolsillo”: “Una relación de bolsillo exitosa es agradable y breve [porque] uno no necesita hacer nada en absoluto para disfrutar de ella, […] es la encarnación de lo instantáneo y lo descartable”.

Luego, en relación al deseo, Bauman lo define como “el anhelo de consumir”, es “el impulso a vengar la afrenta y disipar la humillación” de la presencia de la alteridad, “el impulso a despojar la alteridad de su otredad”. Pero, a diferencia de las ganas, “el deseo necesita tiempo para germinar, crecer y madurar”. Por lo que “como los actos nacidos de las ganas ya han sido profundamente implantados por los enormes poderes del mercado de consumo, seguir un deseo parece conducirnos, de manera incómoda, lenta y perturbadora, hacia el compromiso amoroso”.

Por último, el amor, a diferencia de las ganas y el deseo, no ansía consumir, sino que, “ansía poseer” perpetuamente. El amor es el anhelo de querer y preservar al objeto querido. Un impulso centrífugo, a diferencia del centrípeto del deseo. Un impulso a la expansión, a ir más allá, a extenderse hacia lo que está “allá fuera”. A ingerir, absorber y asimilar al sujeto en el objeto, y no a la inversa como en el caso del deseo.

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