Nietzsche: el sentido y origen de la verdad

Friedrich Nietzsche sentado en un banco en la pérgola de la casa de su madre en Naumburg, 1894

¿Qué es entonces la verdad? Un ejército móvil de metáforas, metonimias, antropomorfismos, en resumidas cuentas, una suma de relaciones humanas que han sido realzadas, extrapoladas, adornadas poética y retóricamente y que, después de un prolongado uso, a un pueblo le parecen fijas, canónicas, obligatorias.

Nietzsche, F. Sobre verdad y mentira en un sentido extramoral.

En este texto de tinte kantiano, Nietzsche nos da su definición de verdad: un ejército de metáforas, pero metáforas olvidadas. Precisamente, el origen de la verdad surge del olvido de que las palabras que hemos usado por mucho tiempo son sólo metáforas canonizadas, que terminamos por llamar ‘verdades’.

Ese ejército de metáforas, a su vez, tiene su origen en un ‘tratado de paz’ que tiene el objetivo de hacer desaparecer la bellum omnium contra omnes (‘la guerra de todos contra todos’). Es en ese acuerdo donde se fija, por medio del lenguaje, qué es verdad y qué no.

Naturalmente, la verdad debe ser aquello que convenga a mantener la paz dentro de la especie, aquello que nos permita conservarla. Para nada se trata de una expresión de la cosa en sí o de la esencia de las cosas, sino que, es pura convención.

El ser humano logra construir su verdad gracias a su intelecto, que Nietzsche describe como un medio para la conservación del individuo. Pues es por medio de él que se construye la ficción de la verdad. El intelecto humano es lo que hace que esas metáforas primordiales con el paso del tiempo sean fijadas y asumidas como verdades.

Sólo mediante el olvido de ese mundo primitivo de metáforas, sólo mediante el endurecimiento y la petrificación de un fogoso torrente primordial compuesto por una masa de imágenes que surgen de la capacidad originaria de la fantasía humana, sólo mediante la invencible creencia en que este sol, esta ventana, esta mesa son una verdad en sí, en una palabra, gracias
solamente al hecho de que el hombre se olvida de sí mismo como sujeto y, por cierto, como sujeto artísticamente creador, vive con cierta calma, seguridad y consecuencia.

Nietzsche, F. Sobre verdad y mentira en un sentido extramoral.

Si bien esta visión nietzscheana sobre la verdad puede ser tachada fácilmente de ‘relativismo’, lo que hace es recuperar el carácter creativo del ser humano, quien es capaz de crear sus propios valores, su propio mundo, libre de ‘verdades’ fijas que sólo buscan ‘momificar’ la realidad, encacillarla para así dominarla, cuando ella es lo contrario, puro devenir… La verdad no se descubre, se crea.

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