Los Advertidos y sus dioses

Mural «El mito de Amalivaca» (1954-1955). Autor: César Rengifo. Centro Simón Bolívar, Caracas, Venezuela.

“Más allá de los horizontes; mucho más allá debe haber otros hombres advertidos, navegando con sus cargas de animales. Debe haberlo de países donde se adora el fuego y las nubes”.

Carpentier, A. (1958) Los Advertidos.

De una forma brillante y entretenida el escritor cubano Alejo Carpentier (1904-1980) reune diversos relatos mitológicos sobre el ‘diluvio’ en un solo cuento, Los Advertidos.

Ahí están Amaliwak (Amalivaca), Noé, el Hombre de Sin, Deucalión y Our-Napishtim, reunidos después de haber construido cada uno por su cuenta una gran canoa para protegerse del diluvio, por orden de su dios, sea La-Gran-Voz-de-Quien-Todo-lo-Hizo, Iaveh, Quien-Todo-lo-Creó, el Dios del Cielo y de la Luz o el Dueño-de-las-Aguas.

El cuento muestra a Noé presumiendo de sus revelaciones que, sin embargo, «eran semejantes a todas las demás» y la decepción de Amaliwak por no ser el único y exclusivo depositario del «Gran Secreto vedado a los hombres».

«Se había venido abajo el orgullo de creerse elegidos -ungidos- por las divinidades que, en suma, eran varias, y hablaban a los hombres de idéntica manera.»

Al final, cada uno se fue por su propio camino, obedeciendo la orden de su dios.

Y, pronto, el anciano Amaliwak se encontró solo con su gente y con sus animales. “Los dioses eran muchos -pensaba-. Y donde hay tantos dioses como pueblos, no puede reinar la concordia, sino que debe vivirse en desavenencia y turbamulta en torno a las cosas del Universo.”

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