“Ubú Rey” y la soberanía infame

Portada de la edición digital de la obra “Ubú Rey” (A. Jarry, 1888), disponible en https://anagal.files.wordpress.com/2007/08/web13ubu.pdf

Según el filósofo y psicólogo francés Michel Foucault, en su libro “Los anormales” (una recopilación de clases dictadas entre 1974-75), lo grotesco o ubuesco se refiere al “hecho de poseer por su status efectos de poder de los que su calidad intrínseca debería privarlo”. El calificativo de “ubuesco” es aplicado por el francés para referirse a los efectos de poder de la pericia médico legal, que, según Foucault, es ajena a las reglas tanto del discurso científico como a las del derecho, es decir, es de muy dudosa calidad. 

Dicho término nos remite a una obra teatral escrita por Alfred Jarry en 1888 (primera versión escrita), titulada “Ubú Rey”. En esta obra, el Padre Ubú, en ese entonces oficial del ejército y conde de Sandomir, decide destronar al actual Rey de Polonia, Venceslao. Para ello, pide ayuda a sus soldados y a opositores del Rey. Una vez logrado su objetivo, el ahora Rey Ubú ejerce y manifiesta su poder real de manera grotesca, infame y absurda, pues para él la sinrazón es tan valiosa como la razón.

En las primeras horas de su reinado reparte carne y oro al pueblo; organiza una carrera en la que ganador y perdedores obtienen premios; manda a torturar y matar a los nobles, a los magistrados y hacendistas, quienes eran, hasta ese momento, los funcionarios más importantes en la administración del reino. Y por si esto fuera poco, ordena subir los impuestos incluso a los campesinos. La única explicación del Rey Ubú para tales medidas era “creo que soy el Rey”. 

La historia sigue, pero con esto será suficiente. Está claro que el Rey Ubú es un paradigma de lo que Foucault denomina la “indignidad del poder” que se refiere a la “soberanía infame” o “grotesca”, a la “autoridad ridícula”. Tal poder (soberanía) ubuesco, entendido como “la maximización de los efectos de poder a partir de la descalificación de quien los produce”, es una característica inherente a los mecanismos de poder. Según Foucault, en la historia romana, principalmente en la época imperial, “desde Nerón a Heliogábalo”, la soberanía infame estuvo presente como “esa descalificación que hace que quien es poseedor de la majestas, de ese plus de poder con respecto a cualquier poder existente, sea al mismo tiempo, en su persona, en su personaje, en su realidad física, su ropa, su gesto, su cuerpo, su sexualidad, su manera de ser, un personaje infame, grotesco, ridículo”. 

Según el filósofo francés, este mecanismo del poder ubuesco se repite en las burocracias occidentales desde el siglo XIX (con el “grotesco administrativo”), en el nazismo y el fascismo del siglo XX.

Resulta que “al mostrar explícitamente el poder como abyecto, infame, ubuesco o simplemente ridículo”, se manifiesta la “inevitabilidad del poder, la imposibilidad de eludirlo, que puede funcionar precisamente en todo su rigor y en el límite extremo de su racionalidad violenta, aún cuando esté en manos de alguien que resulta efectivamente descalificado”.

(Foucault, Los anormales, p. 26-27)

Tal como el Rey Ubú, el soberano grotesco e infame (ubuesco), manifiesta su poder y al mismo tiempo se descalifica o mejor dicho, maximiza los efectos de su poder descalificándose. 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: