Nietzsche: Nihilismo y las tres transformaciones del espíritu

F. W. Nietzsche (1844-1900)

En Así habló Zaratustra, de Nietzsche, el primer discurso de Zaratustra lleva por título «De las tres transformaciones».

Os narro tres transformaciones del espíritu: cómo el espíritu se transformó en camello, y el camello en león, y finalmente el león en niño.

Nietzsche, F. Así habló Zaratustra, I, «De las tres transformaciones».

El camello representa el «espíritu de carga», que de manera devota y reverente lleva el peso de los valores establecidos, de la religión, de la cultura e incluso de la tradición filosófica. Para Nietzsche, el camello es la representación perfecta del nihilismo, entendido como negación de la vida, de la Tierra, del cuerpo, de lo humano; de aquellos que prefieren los valores superiores, trasmundanos, antes que la vida humana. Así, el camello está bajo la autoridad del «gran dragón», que es el «tú debes», el que dice «todo valor fue ya creado, y yo soy, todo valor creado».

A este «gran dragón» se opone el león, que surge en el desierto del camello cargado, es el espíritu que «quiere conquistar su libertad y ser señor de su propio desierto». Frente al «tú debes», el león dice: «yo quiero». El espíritu del león no puede crear nuevos valores, pero sí puede «crearse libertad para un nuevo crear», puede «conquistar el derecho a nuevos valores».

Hubo un tiempo en que (el espíritu de carga) amó como lo más santo el «tú debes»: ahora ha de encontrar locura y arbitrariedad también en lo más santo, para que pueda robar su libertad frente a su amor: hace falta el león para ese robo.

Nietzsche, F. Así habló Zaratustra, I, «De las tres transformaciones».

El espíritu del león se puede considerar como un tránsito necesario hacia la última transformación. Para llegar al espíritu creador del niño es necesario llevar el nihilismo a sus últimas consecuencias. En esta fase del itinerario espiritual nitzscheano se produce una negación de los valores superiores y en su lugar se establecen los valores humanos (en este sentido podría entenderse la «muerte de Dios»).

Siguiendo al filósofo francés Gilles Deleuze, se podría decir que tanto el espíritu del camello como el del león son formas de nihilismo:

La idea de Nietzsche es que la muerte de Dios es un gran acontecimiento ruidoso, pero no suficiente. Porque el «nihilismo» continúa, a penas cambia de forma. El nihilismo significaba hasta este momento: depreciación, negación de la vida en el nombre de los valores superiores. Y ahora: negación de esos valores superiores, reemplazo por valores humanos, demasiado humanos (la moral reemplaza a la religión; la utilidad, el progreso, la historia misma reemplaza los valores divinos). Nada ha cambiado, porque se trata de la misma vida reactiva, de la misma esclavitud, que triunfaba a la sombra de los valores divinos y que triunfa ahora mediante los valores humanos.

Deleuze, G. (2000). Nietzsche, p. 39.

En otras palabras, se trata de un león que todavía esta en el desierto del nihilismo, luchando por crear su libertad y por ser el señor de su desierto.

La última transformación corresponde al espíritu del niño:

El niño es inocencia y olvido, un nuevo comienzo, un juego, una rueda que gira por sí misma, un primer movimiento, un santo decir sí. Sí, para el juego de la creación, mis hermanos, se necesita de un santo decir sí. Ahora el espíritu quiere su voluntad, quien se extravió del mundo conquista ahora su mundo.

Nietzsche, F. Así habló Zaratustra, I, «De las tres transformaciones».

El espíritu del niño no niega ni reacciona, sino que afirma y actúa, crea, juega, dona, entrega. Es un espíritu que supera el nihilismo y que alcanza el objetivo final de la transmutación de los valores: la aparición del superhombre. En el fondo, el niño representa al superhombre, el hombre «posnihilismo», donde triunfa la afirmación, el «santo sí». Este es capaz de crear nuevos valores, un nuevo mundo.

Yo os predico al superhombre. El hombre es algo que debe ser superado (…) Mirad: ¡yo os predico al superhombre! El superhombre es el sentido de la tierra. Diga vuestra voluntad: ¡sea el superhombre el sentido de la tierra!

Nietzsche, F. Así habló Zaratustra, I, «De las tres transformaciones».

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