Platón y la sabiduría socrática

“Apología de Sócrates” en la edición griega y latina de los Diálogos de Platón por Immanuel Bekker

¿Cómo no va a ser la más reprochable ignorancia la de creer saber lo que no se sabe?

(Sócrates en Platón, Apología de Sócrates, 29b)

Una buena manera de comenzar a estudiar a Platón (427?-347 a. C.) es leyendo sus llamados “Diálogos de juventud” escritos entre el 393 y el 389 a. C. Uno de ellos es la “Apología de Sócrates”, en el que Platón narra el juicio a su maestro Sócrates y de su defensa frente a sus acusadores.

El texto está dividido, básicamente, en tres discursos: (1) Antes de la condena, (2) después de la condena y (3) previo a su muerte; donde Sócrates intenta refutar los siguientes cargos en su contra: “Sócrates comete delito y se mete en lo que no debe al investigar las cosas subterráneas y celestes, al  hacer más fuerte el argumento más débil y al enseñar estas mismas cosas a otros” y “Sócrates delinque corrompiendo a los jóvenes  y no creyendo en los dioses en los que la ciudad cree, sino en otras divinidades nuevas”. En síntesis, Sócrates era acusado por ser un maestro del error y un impío. 

Aunque Sócrates se defiende ante sus acusadores, finalmente, no logra convencer a los jueces de su inocencia y es condenado a la muerte.

Dentro de los discursos, Sócrates aborda diversos temas, como la sabiduría, lo bello y lo bueno, la muerte, las divinidades; pero hay un tema transversal a toda la obra y se puede resumir como sigue:

Actuar con justicia (correctamente) es actuar según lo que se sabe (conoce) con certeza. 

Aquí, el filósofo habla acerca de la sabiduría como reconocer la propia ignorancia, y es debido a esto que se considera el más sabio de los atenienses (al parecer era el único de ellos que reconocía su ignorancia). Por lo mismo, actuar justa y sabiamente es actuar según lo que se conoce con certeza, no así el actuar según lo que se dice que se conoce, pero que en realidad se ignora. 

Esto último da a conocer la ética intelectualista de Sócrates, para quien la bondad es conocimiento. Por lo tanto, nadie yerra voluntariamente, sino que, por ignorancia.

Este principio lo lleva a enfrentar la muerte con valentía, porque es ignorante acerca de la muerte (así que no actúa en función de ella), pero tiene convicción respecto de lo que había hecho durante su vida: ocuparse en hacer de sus conciudadanos mejores hombres, y sabía que eso era lo correcto. Así, buscar la absolución mediante algo que no fuera justo o por algo vergonzoso, sería renunciar a la sabiduría. Sócrates prefería la muerte antes que el deshonor.

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