Mi padre pudo ser periodista, profesor o un gran literato. A veces me habla de los rusos o de Joyce. Pero no quiso o más bien no pudo. Sufrió la maldición de no tener padre. Sospecho que es tan racionalista como yo, aunque cree más en el fuego que en las palabras. Un día me contó que leyó Crimen y Castigo durante una huelga minera. Quizás lo hizo mientras se ausentaba del trabajo, yo prefiero imaginarlo leyendo a tientas a 1000 metros bajo el mar.